"Las palabras se las lleva el viento..."

domingo, 8 de junio de 2014

Espíritu embravecido

A las entrañas de la tierra más profunda caí al ganar aquella batalla. 

La más dura, la más sangrienta, la que más víctimas se cobró.

La brutalidad del golpe me dejó sin aliento. No tenía fuerzas para moverme, ni siquiera para alegrarme de haber vencido.

Entonces comprendí cuántos de mis compañeros habían caído, prácticamente todos.

Y me sentí sola y doloridad en aquella oscuridad.

Sin embargo, no había tiempo para lamentos ni para recuperar fuerzas. La siguiente batalla, una de las más importantes, estaba al caer y tenía que estar preparada.

¿Pero cómo entrenar cuando extinguiste tus fuerzas? ¿Cómo vencer si las heridas siguen sangrando?

Obligándome a sobrepasar mis límites, sin ninguna motivación, me fui consumiendo lentamente.

O un milagro se obraba y conseguía terminar la puesta a punto con energía renovada, o yo misma enterraba mis posibilidades y me condenaban al fin.

Cada día era peor al anterior, cada día me apagaba un poco más.

La muerte se encontraba tan cerca que dejé de dormir, incapaz de descansar en su mortal compañía.

Y cuando todo estaba perdido, cuando el abismo se volvía más profundo y sucumbía sin remedio...

Surgió.

No puedo explicar qué fue, ni cómo o porqué pasó. 

Aunque juraría que el hecho de no rendirme ni en los últimos segundos de agonía tuvo algo que ver.

El caso es que el milagro se obró, y ese algo que siempre encuentro en las últimas volvió para ayudarme, como en tantas otras luchas.

Las dudas se fueron disipando y en ese momento cargué brava contra el miedo acosador. Cayó mientras otra sustancia ocupaba mi interior.

Noté una energía especial que recorría mi ser y me dejé llevar por ella. Me convertí en catalizadora mientras se iba aremolinando en mi corazón, en un huracán de espirales invisiblemente hermosas.

Mi núcleo vital se prendió fuego, un fuego distinto a los demás, que ocasionó un estallido de energía. Ésta se expandió por todo mi cuerpo provocándome un torrente de risas, bienestar, positividad y alegría, tan intenso, que me dejó placenteramente confundida.

Me entregué por completo a la aventura, disfrutando de viejas emociones como si fuera primeriza. El recuerdo fue totalmente reparador aunque con un leve matiz nostálgico.

Era tarde ya y cayó la noche. La negrura volvió a rodearme y sus garras se abalanzaron para secuestrarme finalmente.

Pero esta noche era distinta. Una luz cálida surgía de mi interior y me aislaba de su efecto subyugador. Le planté cara con una sonrisa decidida y, tras batallar toda la noche, amenecí insultántemente triunfante.

La escalada es dura y terriblemente peligrosa, pero soy una brava guerrera lista para luchar. 

Por fin tengo fuerza, y paso a paso, apretando los dientes, me estoy acercando al final.

Voy a ganar mi guerra.

Y sé que para muchos es imposible y que me queda un largo y abrupto camino que recorrer, que muchos han intentado y apenas unos cuantos han alcanzado.

Pero lo sé, siento que yo puedo conseguirlo.

Porque porto conmigo un poder distinto a los demás que nadie, ni siquiera yo, es capaz de ver. 

Por ello todo el mundo está convencido de su inexistencia. Por ello solo unos pocos lo consiguen.

Solo los que la conocen pueden llegar a la meta soñada.

Y yo la conozco porque es la que me ayuda y acompaña.

La que me invade y regenera mi valor.

La que impulsa mi espíritu embravecido.

Porque soy diferente, ella me ha elegido.

¿Y tú?

¿Tú también eres distinto al resto?

¿Tú también luchas hasta el final por tus sueños?




¿Tú también conoces la Magia?




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