"Las palabras se las lleva el viento..."

viernes, 10 de octubre de 2014

La historia olvidada.

A veces, solo a veces, se tensan los hilos del universo y sucede algo increíble pero que encaja a la perfección.

Muchas personas creen haberlo vivido, sentirlo, pero no tienen razón.

Porque todos mal acostumbran a imponer esas características cuando ellos lo desean, sin esperar a que el engranaje solo los mueva hasta la acción. Y por ello, tan ocupados están en pretender que sea lo que no es, que matan las posibilidades de que les ocurra sin saberlo.

Y lo peor, matan las de los demás.

Porque todo está conectado para bien y para mal, y aquellos únicos que se dejan llevar están constantemente condicionados por las acciones de los que destruyen y desvían los hilos una y otra vez.

Mis hilos son muy largos, mucho más que de los de cualquiera, tanto, que hasta para mí son constantemente imperceptibles.

Durante largos periodos me llego a convencer de que no tengo.

Ésto disminuye radicalmente las posibilidades de que todo se tense y algo mágico y perfecto suceda, pero también provoca que cuando pasa sea mucho más claro e intenso.

Desgraciadamente, la constante amenaza de los cortantes es también mayor para mí, y las pocas ocasiones que me acerqué o acaricié lo inefable uno de ellos se inmiscuyó fieramente en medio y rajó mi unión sin parpadear.

Era entonces cuando yo caía al vacío sin sujección y me creía diferente y aislada. Sin ninguna de aquellas cuerdas que tan fácilmente lucían los demás. 

Preguntándome qué había hecho yo para no merecer ninguna.

Después de uno de los periodos más largos, y tras aceptarme totalmente como una sin hilos, la mayor y más fuerte de cualquier tensión habida ocurrió, dejándome extasiada y sin recuperación.

Pero feliz, sorprendida y feliz, aliviada y feliz, aturdida y feliz, esperanzada y feliz, cauta y feliz, asustada y feliz, feliz sin saber por qué y feliz.

Dejé de esforzarme por no caer, por mantenerme en tierra, porque de repente y sin más volar fue innato y sencillo, natural.

Sin embargo, las cosas no puden ser fáciles para mi. La cortante más peligrosa que pudiera encontrarme entró a jugar en este baile del destino y poco a poco mella mi cuerda con sonrisa sincera.

La que creo que es mi última.

El vuelo se ha complicado, con violentas sacudidas de un viento huracanado. Todavía estoy sujeta, todavía puedo aguantar pero no sé hasta cuando mis hilos durarán.

Y sin poder hacer nada salvo sonreír ante tal injusticia, el pánico me inunda y el cansancio se apodera de mi. Aquello que debería ser placentero se vuelve una tortura con la amenaza acosadora de mi cruel sino.

El de acabar siendo, como siempre, la historia olvidada.



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