"Las palabras se las lleva el viento..."

sábado, 11 de abril de 2015

Refugio en mi (bendita) locura.

¡Que alguien me diga dónde se haya mi firma para esta estafa del universo!
Una canción basta para encenderme en gasolina, soy tu llama reparadora cuando me necesitas, sin embargo tu espalda amenaza con apagarme cuando me olvidas. Ahora que he conocido el reflejo que no puedes darme me incendias ¡me incendias!

¿Por qué sigues en poder de arrancarme sonrisas? ¿Por qué sigo arrojándome por las tuyas?

¡Me vuelves estúpida porque no aprendo!

Antes de que vuelvas a hechizarme o consigas destruirme deja que disfrute de este momento de locura.

Crearé un mundo donde tú seas mi sombra, mi segunda opción, donde sea yo la que secuestre tus horas, tu pensamiento y tus energías. Crearé un mundo donde tu cuerpo sea tu jaula mientras el mío vuele sin esfuerzo, donde sea yo la que decide, propone, crea, enseñe, y tú el que obedezca, rece, admire, suplique. Crearé un mundo de sorpresas milagrosas para llenarte la esperanza y de espejismos pesadillescos para vaciarte la respiración. Crearé un mundo donde ella no exista o no importe, donde la puedas tener pero te sepa a poco, donde yo habite tus pensamientos al escuchar su nombre. Crearé un mundo donde tú seas espectador invitado a cómo me rodeo de otros brazos, de cómo me comporto como tú pero con otra persona, de cómo no te veo cuando él está, de cómo le elijo antes y te concedo, sonriente, las migajas, donde él te recuerde lo que no tienes ni puedes, el por qué nunca te miraré así.

Y me reiré mientras tú lloras, y desapareceré cuando me necesites, y volveré cuando pretendas olvidarme para reírme otra vez.

Te preguntarás entonces si algún día se podría abrir la puerta y la respuesta la tienes escrita en mis arterias.
La misma que me arañas sin saberlo. ¡¡¡NO LO SÉ!!!

Ahora tengo un mundo donde echar los restos que dejes de mi, donde recuperaré mis llamas con mi bendita locura y sonreiré porque tú también estás en él. Y para viajar solo necesito esa canción enfadada sobre la que te he maldito.

Sigamos abrazándonos, sigamos acercándonos, sigamos sufriendo el mismo conjuro desesperadamente arraigado.

Me das pena.

Me das pena cuando veo mis ansias en tus venas, me das pena cuando compruebo mis mentiras en tu boca, me das pena cuando detecto mis síntomas en tu normalidad, me das pena cuando comprendo que hasta en eso somos iguales. Me das pena porque soportas todo eso... por ella, precisamente por ella. ¿En serio te merece la pena?

Y mientras tú te mientes y pierdes, como yo, el tiempo, yo seguiré avanzando y expandiéndome. Ten cuidado no fuera a suceder que, poco a poco y sin darte cuenta, se cumplan mis metas y te arrastren a mi realidad.

Lo siento, te quiero, pero a mi me quiero más.

Veremos quién gana al final.


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