"Las palabras se las lleva el viento..."

miércoles, 21 de octubre de 2015

Entra Natura.

Buceando en la oscuridad
buscando perlas de luz
tachando con una cruz
los agujeros sin felicidad.

Atrévete a mirar al cielo
aunque el universo te entierre.
Cuando todo te da cierre
aún te queda el suelo.

Qué fácil olvidamos lo que nos sustenta.
Perdóname Madre Que Da La Vida,
te veo cuando tu lluvia limpia mis heridas
siendo tú la única siempre atenta.

Cuesta perderse en el bosque
y así me encontré en el mundo
vistiendo un dolor y miedo profundo
trasplantados como fuerza y experiencia que se enrosque.

Seguiré acariciando tus hojas
y dejando que tus aguas pinten mi cara,
natural y salvaje que se descara
cuando mis capas deshojas.


lunes, 12 de octubre de 2015

Rencor cosido a la fuerza.

No soy la mala de la historia,
ya no me podrás convencer,
con odio a nadie se vió nacer
siendo tu sentencia de victoria.

Yo no quise no quereros
ni es normal este rencor
que acude con fervor
aunque desee veros.

¿De verdad creéis que me complace
no poder sentir lo normal
que surge del amor fraternal
por portar roto ese enlace?

Ni monstruo ni diablo,
no pude construir tan niña y sola
todo ese dolor que me desola
cuando me atrevo y hablo.


El hombre que sabía mirar.

Caminaba profundamente abstraído, sumergido sin remedio en los problemas de su fatigosa rutina, cuando algo lo sacó, lo devolvió al mundo y detuvo su movimiento y pensamiento. Sería lógico pensar, que aquello que sus ojos percibieron y que tuvo la fuerza suficiente como para despertarle, fuera increíblemente vistoso y extraño pero... no.

El chico comprendió sorprendido que aquello que lo había frenado en su camino era un simple hombre que miraba fascinado como la calle en la lejanía se perdía.

Su primera reacción, como es natural, fue la de mirar en dicha dirección, buscando lo extraordinario que llenaba la mirada de aquel hombre que lo contemplaba. Sin embargo, al no encontrar nada digno de mención, volvió a observarle necesitando explicación.

- Maravilloso -comentó entonces para sí- simplemente maravilloso.

No añadió nada más y el chico se molestó. Le frustraba no poder comprender la situación. ¿Qué veía en dicha calle para admirarla cual obra de arte?

Otros antes se vieron en su misma tesitura y dieron por sentado un problema de cordura, algunos preguntaron al hombre el motivo, pero al no recibir respuesta, impacientes, prefirieron perderlo en el olvido, y el resto no fueron capaces de darse cuenta de aquél cuadro por un problema de visión terrible que consiste en solo percibir el propio ombligo.

Afortunadamente no hablamos de un chico corriente. Acostumbrado al disfrute del silencio, a esforzarse por conseguir lo que quiere, a no depender de ayudas y a comunicar sin palabras, se colocó a un lado del hombre, imitó su postura y, esta vez olvidándose de todo lo demás, observó.

Largos minutos pasaron y sin conseguir encontrar nada inusual, no obstante, otros detalles que antes le pasaban inadvertidos aparecieron ante sus ojos sorprendidos. ¿Cómo antes no había visto aquel cartel amarillo que, aún oxidado y ennegrecido, conservaba tanto brillo? ¿Y el curioso fenómeno de que los vecinos amantes de la naturaleza se habían mudado todos a las viviendas de la derecha y resaltaban la ausencia de macetas en su gemela de enfrente? ¿Acaso era el primero que, fijándose en el suelo y sintiéndolo diferente, descubría un error en el diseño geométrico que forzaba a que algunas baldosas cambiaran su tamaño? Sonrió interiormente al verse conociendo por vez primera aquella calle por la que pasaba rutinariamente, lo cuál era extraño.

- Espléndido trabajo ¿no te parece? Me encantaría conocer a quienes se molestaron en colocar las farolas más juntas y más pequeñas conforme la calle se aleja, el efecto es encantadoramente artístico, ¡mágico me atrevería a decir!

Los ojos del chico se abrieron de par en par sorprendido, había llegado a olvidarse del hombre y la increíble respuesta le llegó inesperadamente. Y aún recordando los principios de la perspectiva perfectamente, asintió convencido.

- Nunca lo había visto así -comentó.

- Nunca lo habrías visto -respondió sencillamente el hombre.

- Tiene razón, todo depende de cómo se miren las cosas -reflexionó el chico.

- En mi humilde opinión, las cosas dependen de cómo se las mire.

Y dicho esto se marchó. Nunca más se volvió a ver a ese hombre admirando la disposición de las farolas, pero tampoco hizo falta, pues cuando apareció una chica por su fatigosa vida abstraída pero al silencio, esfuerzo, independencia y habla corporal acostumbrada, fue al chico al que percibió con mirada diferente que la sacó de su mundo y la trajo al presente.

Esperemos impacientes el resultado
de que ambos se encuentren
e imitando sus posturas
comiencen las andaduras
para que tales visiones nos muestren.






sábado, 10 de octubre de 2015

Señales venenosas.


Marcas rojas en la barba,
risas forzadas,
contacto juguetón,
vaciados de esperanza.

Dos saltos hacia delante,
un paso al agujero,
un abrazo al corazón,
tres puñales al ombligo.

Una promesa de contigo,
un abrigo de olvido,
un gesto sincero
transfigurado, herido.