"Las palabras se las lleva el viento..."

sábado, 17 de diciembre de 2016

Las 4 estaciones.

Este año me tocó conocer a las estaciones. Vinieron en un orden atípico, y disfrazados. Solo ahora que las vi a todas, solo ahora que acaba el año, las he reconocido.

Primero fue el verano, cuyo sol llevaba brillando desde hacía tiempo, y por eso, su calor me estaba ahogando. Me iluminó mientras destruía poco a poco todo, secando lo que planté con su brillo. Y aunque mil noches le pedí al cielo que lloviera y terminara esta estación, fue extraño cuando finalmente ocurrió y vi como sus rayos menguaban, su temperatura se escurría entre mis dedos y mi piel, ya áspera, olvidaba sus caricias y cicatrices, como tal desierto eterno y profundo desaparecía en un agujero de arena que se colaba hacia la parte de abajo del reloj, estando en la de arriba.

Y en ese momento de alegre blanco, de reencontrarse en la pausa, me topé con los ojos azulados de la primavera. No se equivocaba el refranero pues, sin pretenderlo ninguno, la sangre alteró. La primavera brotó rápido, fue la más intensa y la que antes se desvaneció. Fue todo verde, azul, amarillo y naranja, fue frío y calor disparados, fue una bandada de pájaros, fue un concierto larguísimamente corto, fue un viaje inesperado, fue vivir el cuento... pero no el cuento que yo creía, ese no tocaba este año, así que también fue una excursión cancelada por lluvia, fue un puzzle al que le faltan piezas, fue un raspón en la rodilla, fue también negro y gris. Y, aunque este final sí dolió, siempre le estaré agradecida a la primavera y siempre la recordaré con una sonrisa.

La siguiente pausa fue muy larga y conforme más tiempo pasaba más desesperada me sentía por encontrar a la siguiente. Buscaba en todos los ojos rastros del otoño o el invierno, sospechando de cualquiera. No sabía entonces que el invierno es un maestro del disfraz y que al otoño le gusta aparecer y desaparecer, para que ni le olvides ni le des importancia, para alimentar la duda y no termines de saber si es él.

Por eso, al que primero vi fue al otoño, pero al que primero reconocí fue al invierno, ¡y menuda sorpresa! ¿Cómo pudo haber estado todo este tiempo delante mía sin que me diera cuenta? Y ahora que empiezo a descubrirle no puedo estar más intrigada. El invierno es el recuerdo de algo que nunca ha sido ni será, pero que ahí está, como si le hubiera conocido en otra vida y nuestras energías se reconocen. Sigo perpleja ante el hecho de haber tenido tamaña estación todo el tiempo ante mis ojos y sin que estos lo vieran, sigo sin saber qué es lo que veo, sigo sin saber cómo puedo desear contemplar cada copo de nieve sin sentir la necesidad de permanecer en su escenario. Es ilógicamente cómodo. Y nuevo, por lo que esconde una llave que todavía no tengo.

Todavía no entiendo muy bien al invierno y encima el otoño me juega a las escondidas. Creo haberle encontrado y desaparece, me olvido de él y ¡oh! ¡Es él! Pero ya no, ya se fue, y el maldito consigue dejarme con la duda siempre. Hoy he estado más cerca de cazarle, de conseguir saber si es él o me ha engañado con sus tonos pardos, sus vientos veletas y su lluvia de hojas marrones y doradas. Es la estación a la que menos conozco, puede que incluso la única en la que me equivoque, pero su descubrimiento me reveló todos los demás y sus apariciones son demasiado oportunas para darle el mérito a Casualidad. Y ya que el verano me dio valentía y fuerza, la primavera esperanza e ilusión, el invierno empieza a darme seguridad y siendo el único que me queda no es nada... ¡prepárate otoño que si puedes ser algo te atraparé!

Este año me tocó conocer a las estaciones, y aparte de aprender de cada una, descubrí algo más interesante...

Que yo puedo ser todas ellas.





jueves, 10 de noviembre de 2016

El mundo se fue a la mierda y se llevó las máscaras


Te despiertas y de repente el mundo no es igual. 

Lo imposible ha pasado, la gente no ha pensado y entre todos nos entierran.

Tu otro mundo, el más pequeño y cercano, parece el mismo pero ya no lo es. El desconcierto antecede al caos, el odio brota sorprendiendo a todos y desenmascara a los mentirosos, a los que callaban.

La envidia ha ganado, y las que antes alababan nos han apuñalado. 

Todas las cartas sobre la mesa. Sorprende lo que los celos enrevesan. Y lo que se vendía como una familia en dos bandos se separa y la guerra prepara ¿entrenando lo que nos espera?

Que asco de mundo y que asco de personas.

De todas formas, aunque las falsas se hayan unido, nos hayan sorprendido y en la primera batalla vencido... Han perdido. Han perdido las ayudas de las que más podrían enseñarles, han perdido el apoyo de las que más podían motivarles y ayudarles, han perdido la confianza de las que más éxito podía compartirles... Y más allá de eso, han perdido la credibilidad, se han mostrado como son no solo ante nosotras sino ante todos los demás, han perdido el respeto, han perdido oportunidades... Y todavía más han perdido a gente que las quería como nunca han querido ellas.

Y por intentar marginarnos se han marginado ellas. Así como los países se marginan ahora.

Viva la apología del odio y del egoísmo.

Ahora mismo lo único que me importa es que no me quiten nada más. Si llegaran a quitarme uno de mis tesoros no se lo perdonaría nunca. 

Nunca.



jueves, 20 de octubre de 2016

Me quedé con tu personaje.

Hoy prefiero soñar despierta con un personaje, que no es de libro ni de cortometraje, sino que de la realidad me lo traje.

Es más cómodo suspirar por alguien a quien si vas a ver, será a largo plazo y de casualidad, y que por ser, seguramente sea con otra personalidad.

Apenas tres o cuatro frases compartimos, y sí, nos vimos, ¿te sorprendí como tú a mí? Seguramente sí, y al terminar nos fuimos. No tengo ni idea de cómo eres, de cuantos años tienes, ni de si tu nombre lo es realmente, y más importante, no sé si te gusta el café, si tú también sueñas despierto, si bailarías bajo la lluvia o en qué decides invertir el tiempo.

Sin embargo, lo poco que sé te convirtió en mi nueva escapada, porque te vi bailando con diábolos y me dejaste embobada, porque me pareciste tan adorable que tu sonrisa me daba ganas de abrazarte y cuidarte y solo podía sonreír también, pero con menos arte, porque tu imagen se me hizo imborrable (y eso que, me vas a perdonar, no eres un David de Miguel Ángel aunque sonrías como uno). 

Verte fue quizá, más que especial, oportuno.

No creo que volvamos a vernos en breves, tampoco que dándose el caso hablemos muchas veces.Y saberlo no me decepciona porque no eres tú sino tu personaje quien me emociona.

Solo quería no comentarte que es divertido encontrarte y descubrir cosas en común que te harían reír.

Y que no sepas que fuiste elegido, para en mi fantasía vivir, mientras mantengo al amor distraído.





domingo, 25 de septiembre de 2016

El manantial secreto.

¿Qué color va a tener lo que saldrá de esto?
No sé que luz tengo hoy, solo sé que quiero escribir.

Hay un manantial, pequeño, en una humilde montaña. Si te digo que es secreto dirán que miento porque la gente lo ve desde el camino, desde el sencillo puente de madera, a través del refrescante verde de las hojas. 

Aún así, ¿me crees? ¿podrías intentar oírlo con mis ojos?

Es secreto porque ninguno de los viajeros se preguntó cómo sonarían las gotas al lanzarse a su superficie. Ni como olería el nacimiento de un fino hilo de agua que acabaría siendo río. ¿No resulta increíble?

No es difícil llegar a él, no está lejos y no cuesta dinero. Mucha gente cruza el puente y anda con decisión por el camino. Algunos llevan cámaras, otros comida, e incluso unos pocos su corazón.

Pero todos pasan de largo sin plantearse siquiera acercase para hundir los dedos en sus cristalinas aguas y comprobar su frescura.

Llegados a este punto te preguntarás qué tipo de problema tiene esa gente, seguro de que tú serías la excepción y sí que irías, aunque fuera por curiosidad, a echarle un vistazo. ¿Quién en su sano juicio tiene tan cerca un manantial y no le presta atención?

Nadie. Tampoco ellos.

Hay un manantial, pequeño, en una humilde montaña, pero no es el único. Hay más, muchos más. Manantiales enormes, otros rodeados de flores embriagadoras de vivos colores, otros que dibujan curiosos trazos en la tierra, otros con rocas para tumbarse, y otros que parecen directamente pintados.

Todos acuden a esa montaña a admirarlos, a hacerles fotos, a tumbarse con ellos o pasar el día para crear un recuerdo inolvidable. Todos sienten que están en presencia de la representación misma de la belleza.

A excepción de uno. El menos exuberante. El pequeño manantial con sus aguas vivas y su vegetación salvaje que no parece estar a la altura de las cámaras de los visitantes.

Y ninguno de los que a estas alturas se siguen viendo como la excepción reparó en su presencia. Ni el más escéptico, ni el más artístico, ni el más natural, ni el más solitario, ni el más guerrero, ni el más radical, ni el más original, ni el más rebelde, ni el que estaba sin más.

¿Me crees ahora cuando te digo que hay un manantial secreto?


Cuidado, si las flores atrapan tus sentidos no podrás ser acariciado por la hierba. 




jueves, 1 de septiembre de 2016

Prométeme que no me olvidarás.

No, esto no es una carta de amor.

Esto no tiene nada que ver con nadie más que conmigo.

Solas yo y yo.

Léeme con rabia y con desespero, pero recuérdame. No dejes que muera este fuego, no dejes que sepulten tu proyecto de ti misma.

No significa no.

Intentarán arrastrarte, intentarán limitarte y puede que vuelva a aparecer alguien que conseguirá distraerte. Todo está bien, todo tiene que pasar, pero tienes que resistir. Y que en el final de los días te acuestes siendo tú, no una parte de ti.

No te hipoteques otra vez, no dejes que te convenzan de lo que no eres, de renunciar a partes de tu alma porque volverá el verano y volverá el arrepentimiento. 

Así que... vive, sin dejarte ningún color en la paleta.

El futuro da miedo, pero aunque centrarse en una cosa parece lo más lógico, hemos comprobado que lo lógico no es nuestro camino. Es demasiado tarde para ser concreto, es demasiado asfixiante renunciar a todo lo demás.

De hecho, visto está que me es imposible.

Polifacética es tu apellido, es tu destino.

Guarda todas las llaves qué puedas.

Ya veremos qué hacer con ellas.




domingo, 21 de agosto de 2016

Oí al lobo rugir y me gustó.

Todo el mundo hablaba del espíritu del bosque, de sus galopadas bajo la luna, de sus victorias cazadas, de su precoz vuelo...

Y las sombras lo hicieron tropezar, lo quisieron tumbar y le gruñó el mundo entero, aquel que lo había ensalzado y que ahora lo mordía en su bipolar e hipócrita hegemonía.

Su pelaje se llenó de sangre, pero siempre siguió aullando, siempre se esforzó por seguir avanzando.

La estupidez y crueldad humana intentó extinguirte, como a tantas cosas.

Hoy estás bañado en tóxico petróleo, el cual apenas te deja respirar. Y, aún así, te he visto rugir, como en el principio de tu historia.

Puede que ya no te sientas parte del bosque, pero siempre va a ser tu lugar, puede que dudes de la manada pero siempre vas a ser imprescindible. Nunca dejes de correr, nunca dejes de aullar.

Hoy te llamabas "79".

Mañana serás "leyenda".

Gracias,

la luna.





sábado, 30 de julio de 2016

Una estrella perdida, que no sabe donde brillar.

Es una estrella pequeña, pero que su luz puede brillar más que las estrellas más grandes. El problema es que esta estrella está perdida, y al no encontrar su sitio exacto en el mar del cielo, solo brilla en ocasiones especiales, pues el resto del tiempo vaga intentando encontrarse en el firmamento.

Aquellos afortunados que la encuentran en estas raras fechas no pueden dejar de sorprenderse por su intensidad, por su claridad, por el calor que transmite y cuan lejos puede proyectar. Sus suspiros y admiraciones vuelan hasta ella quién, sorprendida y alagada, los riega con su mejor brillo.

Luego la estrella desaparece y todos se preguntan tristes qué fue de ella.

Lo que no saben es que en otro lugar, uno muy distinto, la estrella vuelve a brillar y los lugareños de la zona reaccionan igual. La historia se repite y la estrella es reclamada en sitios tan dispares que ya no sabe dónde brillar, ni a qué constelación pertenece.

Y mientras cada pequeño mundo la reclama convencidos ella se pregunta secretamente si sería posible un cielo desde donde pudiera compartir todas sus luces, donde no tuviera que renunciar a ninguno de sus pequeños universos.



martes, 26 de julio de 2016

Descifrando a Eros.

Inexperta e inocente.

Niña.

Pasan los años y Eros sigue sin aparecer en mi historia, mientras su juguetón hermano, Philia, me engaña con máscaras, me confunde y me da falsas esperanzas, para revelarse finalmente entre risas.

No me he encontrado con Eros todavía, pero he descubierto mucho sobre él tras mis ojos.

Últimamente todos a mi alrededor parecen saber encontrarle, todos parecen haberlo visto salvo yo, incluso personas que no se lo merecen, incluso aquellos que nunca lo han buscado, y sobretodo los que no tienen que esforzarse.

Nunca me pareció justo.

Y curiosamente, todos acudían al consejo de la nunca besada, quién tenía que soportar la hipocresía de quien tiene y no le basta, de quien tiene y no lo sabe apreciar, de quien tiene por tener y de quien tiene para decir que tiene. 

Una margarita olvidada, invisible y pisoteada que escuchaba a todas horas a las rosas lamentándose de lo duro que es recibir tantas atenciones.

Y aunque antaño me preguntaba qué hice para recibir tal discriminación, hoy me doy cuenta de pocas personas son capaces de llevar esta situación, de buscar las pistas de Eros en cada equivocación, en cada sonrisa y lágrima solitaria, en cada noche de luna fría y llena que se dispone a menguar. Y por ello, tengo claves que ninguno de los "expertos" tiene, que ninguno podrá comprender, que ninguno podrá descubrir.

No hay conocimiento sin búsqueda, sin experimentación, sin análisis, sin cuestionarlo todo una y otra vez.

Pero sobre todo no hay conocimiento sin fallos.

Ahora veo que, vosotros que visteis a Eros (o creísteis haberlo encontrado), nunca os planteasteis buscarlo en vuestro interior. Nunca os preguntasteis cómo llamarlo, cómo identificarlo o qué significa si quiera. 

Hubo emociones que creí que me desbordarían, y que ahora apenas reconozco, hubo ataduras que pensé que existirían para siempre y que un día corté casi sin darme cuenta, hubo veces en las que me equivoqué y veces que hasta fui capaz de predecir el futuro. Lo que marca la diferencia es que en todas esas historias "fallidas" tuve los ojos abiertos, los oídos atentos, la piel escuchando, la lengua traduciendo, la nariz rastreando, los pensamientos cambiando, continuamente evolucionando y el corazón regado por risas y llantos sinceros y puros.

Ahora comprendo que no son "errores" si no pistas, lecciones, descubrimientos, tesoros...

Nunca me arrepentiré de haberos conocido.

Hoy estoy más cerca de encontrarlo, aunque puede que no lo conozca nunca. Y sin embargo, yo recibo y doy de la manera más pura, más intensa y más plena, mucho más que lo que muchos expertos llegaran a sentir en su vida. Ellos sienten pena por mi, sin entender que soy yo quien lo siente por ellos.

Y sí, tenéis razón, quizá todo esto sean los estúpidos desvaríos de una niña inocente que aún no sabe lo que es ser correspondida. Sin embargo no deberíais ignorar mis palabras, pues aunque soy una inexperta del sexo, sé más de amor que cualquiera de vosotros.





lunes, 11 de julio de 2016

El nido del odio

Vuelvo y todo cae, todo sigue igual.

Después de conocer la felicidad, la humanidad, la libertad, esta cárcel me asombra más.

Aquí la alegría se cuenta en gotas, los gestos se miden, las sonrisas se pierden, se escogen las palabras, se llora, se miente, se grita y se calla.

Aquí sólo hay odio camuflado.

Cuidado por donde pisas que puede explotar.

Hace dos años que expulsé al verdugo, a la matona y a la amargada de mi cuento. Hace tiempo que finjo que lo siento. 

Y aquí vuelvo a estar, confundida, recibiendo más gritos, más golpes, más ira y sin parar de preguntarme ¿cómo pudo ser esta mi vida?

En última estancia me dan pena, porque ya no es la mía, pero siempre fue, es y será la suya.

Paso el tiempo en mi aventura y se me acerca el perdón al corazón...

Entonces vuelvo, y se me pasa.





domingo, 8 de mayo de 2016

Conexión entre estaciones.

Cuando el otoño más temblaba 
conocí a la primavera.

Apareció entre la maleza y le sonreí
sin pensar, pues sin conocerla se me hizo familiar.

El tiempo se detuvo cuando esa mirada,
donde el cielo vive atrapado,
buceó entre mis párpados
y la esperanza fue sembrada.

Esa sonrisa genuina delató quién eres.
Al otoño se le caían las hojas y a ti te nacían flores.

Dos astros que se buscan con descaro
y en que el otro lo sepa no tienen reparo.
Eclipse que eclipsa lo que lo rodea y moldea la realidad, 
la electricidad, y nadie se da cuenta ni lo cuenta.

Sueño y tiemblo conforme se acerca el momento de comprobar
que la conexión no fue ficción y la estación al fin me susurrará...

Que soy invierno y no lo sabía.



lunes, 18 de abril de 2016

Desayuno ámbar

Después de tanta pesadilla amanece y el sol me regala el desayuno.

Fue duro batallar contra la enfermedad sola, gran inconveniente de la independencia. Solo sola y enferma merma mi fortaleza, y aullo en llanto por compañía de día. Esas lágrimas con las que lo supliqué son la huella del horror nocturno que pasé.

En estos momentos, cuando ni tú puedes contigo mismo, cuando eres solo un ovillo inútil y necesitado, cuando no puedes ofrecer nada y sin quererlo pides tanto... cuando ni tú puedes sostenerte es cuando aparecen aquellos que siempre estarán a tu lado.

Gracias a vosotros de los que renegué tantas veces, pues me demostrasteis que, pese a tantos errores por ambas partes, en lo importante estaríais aún teniendo que vencer a tantas adversidades. Sigamos reescribiendo nuestra historia así.

Gracias a ti, que no estando siempre estás y estarás, tus palabras siempre son la mejor lectura y tu tiempo el mejor regalo. Sé que te frustra que la distancia no nos permita estar juntas en estas situaciones (y en cualquiera) y te creo cuando dices que estarías junto a mí todo el rato y de inmediato. No te preocupes, ya la sola certeza de saber que estoy en tu pensamiento, y de ver tus mensajes a cada rato, hace que te sienta a mi lado. 

Gracias también a ti, me has mostrado que estás dispuesta a renunciar a cualquiera de tus planes y a crearte mil problemas con tal de ayudarme cuando lo necesito. Quién lo iba a decir años atrás, con los problemas que tuvimos ambas entre nosotras, pero veo que haber superado todo eso y tantas cosas más juntas ha hecho que forjemos un vínculo irrompible del que no puedo estar más orgullosa. Y no puedo alegrarme más por el hecho de que nuestros caminos estén tan próximos.

Gracias a ambos, recientes amigos, a los que apenas conozco y sin embargo tanto me habéis querido hasta ahora. Vuestra compañía, vuestros regalos, vuestros detalles, vuestra sonrisa son muy preciados para mí y me prometen un futuro lleno de buenos momentos y risas.

Y gracias a ti, aunque sospecho que como siempre te me cuelas de chiripa. El caso es que es cierto que en estos momentos siempre estás, algunas veces más, algunas menos, algunas a tu manera, pero estás. Y esto, pase lo que pase y sienta lo que sienta, nunca lo olvido. Siempre podrás contar conmigo.

En la debilidad es donde se aprecia de verdad estos regalos de vida, donde nos damos cuenta de todo lo que tenemos y damos por hecho, donde nos hacemos conscientes de que hasta nuestros problemas son en parte buenos, donde nos percatamos de lo afortunados que hemos sido y seremos cada día que nos levantamos con energía y afrontamos un nuevo día, de las personas maravillosas que comparten nuestro pequeño mundo y lo llenan de colores cuando se nos acaba la tinta.

Mientras tenga salud, una vida dedicada a sueños y pasiones, y a personas como vosotros, solo me queda decir gracias.




lunes, 4 de abril de 2016

A las puertas de la vida.

Esta mañana vuelvo a encontrarme en el tren, y decido que es buena señal. En este mundo de talentos precoces y ritmo acelerado, uno puede sentirse viejo a los tiernos veinte años, e incluso sentir que ya es demasiado tarde.

Aún se me encoge el corazón con la palabra “futuro”, más todavía con la de “trabajo” y se me aprieta el alma cuando oigo “triunfo”.

Sin embargo, hoy estoy cogiendo un tren que antaño formó parte de mis sueños imposibles.

No sirve de nada preocuparse por algo que no se puede controlar. Tampoco tengo que demostrarle nada a nadie, no tengo que ganar ningún premio ni mi nombre ha de conocerse en el mundo entero. Lo que tengo que hacer es ser feliz, y aprovechar al máximo cada día.

Y tengo la teoría, quizá algo idealista, de que si me esfuerzo por ser mejor en el presente y no pierdo oportunidad de esforzarme al máximo y vivir todo lo que pueda, luego el destino abrirá las puertas del cielo que me toque.





sábado, 19 de marzo de 2016

Epílogo.

Los días nublados son los más calmados, su neutralidad es deliciosamente apetecible.


La tranquilidad de la certeza de que por fin se acabó. 

Qué sensación más rara deja el desvestirse de un sentimiento que nos ató tanto tiempo.

Lo siento mucho querido apogeo de la música, ahora quiero disfrutar de mis alas reencontradas.

Al fin soy solo mía.

La niebla me arropa, me refresca. El verde del prado nunca se vio tan poderoso.

Me apetece jugar cuando quiera y cuando quiera dejar de hacerlo.

Los pescadores se pusieron de acuerdo para intentar cazarme al mismo tiempo.

Ahora yo río en el río.

Es verdad que yo rogué por la nota sostenida que me sigue llamando.

Quizá los días me acerquen a la puerta que se me ofrece, pero de momento, he vuelto a mi elemento.


No se puede atrapar al viento.




domingo, 14 de febrero de 2016

La sangre se altera.

Corro tras el sentido en un mundo de significados.

La noche siempre precede al día, pero ningún día es igual y ninguna noche se repite.
En la repetición hay diferencias. 

No basta, ¡basta! 

¿Estoy viendo los pétalos del cerezo o el universo juega conmigo?

Estoy preparada, abro los brazos para recibir, para sentir, para alcanzar la vulnerabilidad sobre la que tanto se canta y se escribe. Ya no importa si sembré la semilla o la trae el viento. Ya no importa lo que siento.

Ya no importa nada y por eso fluyo en todos los afluentes necesarios.

Por eso ahora ataco y me rindo, sin ninguna estrategia o lógica, simplemente porque sí, simplemente porque no.

La máquina se estropeó de tanto forzarla. Aumentó la necesidad de una reparación.

Ya llega, mi cuerpo me lo está diciendo, ¡tiene que llegar!

Dentro de poco se acabará el invierno...

y el mundo me promete que habrá primavera.





martes, 2 de febrero de 2016

Chico del colgante.


No veo lugar más apropiado para escribir esto que en el metro. Han pasado ya varios días pero no podía permitir retrasar esto más tiempo, pues aquel día te hice una promesa sin que lo supieras: que no iba a olvidarte.

Fue tan real y, al mismo tiempo, tan inexistente, que cuanto más tiempo pasa más inverosímil se me hace que tuviera ese poder sobre mí, dejándome largo tiempo con una intensa sensación de pérdida.

Recuerdo que fuiste tú el primero, reparaste en mi bandolera y tu mirada incrédula despertó mi curiosidad. Empezamos entonces el viaje mientras nuestros ojos jugaban a las escondidas y mi corazón, puede que junto al tuyo, a la comba.

Fue entonces cuando reparé en el colgante que acariciabas al mirarme, que tuvo el mismo efecto que en ti mi bandolera.

Pongo por escrito las únicas cosas que me permití saber de ti: tu pelo largo y espeso, recogido en una coleta, no pude evitar preguntarme cuan guapo estarías con el pelo suelto, tus ojos vivos y almendrados, tus movimientos simpáticos y naturales y tu preciosa sonrisa sincera. Tu amabilidad dejando asiento a aquellas graciosas señoras mayores, la intensidad con la que me mirabas cuando nuestra timidez se confundía y se cruzaban nuestros deseos.

Aún recuerdo la breve espera de tu cuerpo cuando ambos fuimos a bajar en Príncipe Pío y yo me retrasé, cómo te seguí, cómo desapareciste y yo te busqué con descaro, cómo te encontré en el extremo del andén porque tú también me estabas buscando. No puedo aún olvidar la desesperación con la que nuestros ojos se buscaban, a tres vagones de distancia, cuando cogimos el mismo metro otra vez...

Sobretodo no puedo olvidar el profundo desespero que sentí, reflejado en tu última mirada, cuando te bajaste en Argüelles y yo no te seguí.

Desde entonces sigo suplicándole al universo que me dé una segunda oportunidad de encontrarte, porque jamás me perdonaré haber perdido la oportunidad de conocerte y no haber sido capaz de acercarme y saludarte. ¡Con lo fácil que habría sido empezar con un "Me gusta tu colgante"!

Salí en busca de aventura y la dejé pasar. Muero por falta de amor y no me esfuerzo en buscarlo.

Cuando se cerraron las puertas tras de ti se me oprimió el pecho cómo si hubiera perdido a alguien realmente querido... ¿Quién eras? ¿Quién habrías sido? Por mi estupidez nunca lo sabré.

Me gustaría que supieras que aún te sigo buscando por el andén, que aún guardo la esperanza de que no fuera casualidad que cogieras el metro en mi parada.

Aún persigo la fantasía de que un día vuelvas a verme con mi bandolera, y yo a ti con tu colgante, y nuestras miradas, reconociéndose, sonrían.

...

Seguramente pase el tiempo y te pierdas en las profundidades de mis recuerdos, pero fue tan real la atracción inexplicable que sentimos y tan real el dolor de verte marchar, que tuve que prometerte que no te olvidaría. Y la única manera que encuentro es conservándote en esta carta que nunca te llegará pero con la que nunca terminaré de perderte.

Atentamente, la chica de la bandolera.