"Las palabras se las lleva el viento..."

lunes, 4 de abril de 2016

A las puertas de la vida.

Esta mañana vuelvo a encontrarme en el tren, y decido que es buena señal. En este mundo de talentos precoces y ritmo acelerado, uno puede sentirse viejo a los tiernos veinte años, e incluso sentir que ya es demasiado tarde.

Aún se me encoge el corazón con la palabra “futuro”, más todavía con la de “trabajo” y se me aprieta el alma cuando oigo “triunfo”.

Sin embargo, hoy estoy cogiendo un tren que antaño formó parte de mis sueños imposibles.

No sirve de nada preocuparse por algo que no se puede controlar. Tampoco tengo que demostrarle nada a nadie, no tengo que ganar ningún premio ni mi nombre ha de conocerse en el mundo entero. Lo que tengo que hacer es ser feliz, y aprovechar al máximo cada día.

Y tengo la teoría, quizá algo idealista, de que si me esfuerzo por ser mejor en el presente y no pierdo oportunidad de esforzarme al máximo y vivir todo lo que pueda, luego el destino abrirá las puertas del cielo que me toque.





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