"Las palabras se las lleva el viento..."

sábado, 24 de junio de 2017

¿Oyes la música?

Las lágrimas brotan por la sorpresa. Los ojos abiertos muestran lo que el rostro no puede. No es tristeza pero hay dolor. El desconcierto, que paraliza, es originado al notar como la canción nos inunda. Acaricia como una brisa cálida la parte de nuestra alma más escondida, aquella que tanto tapamos, a la que los demás no consiguen llegar, tan rota que nosotros mismos nos la ocultamos.

El tiempo se para siendo las lágrimas el único movimiento, símbolo del cambio en nuestro interior. La música expulsa fuera de nosotros lo reprimido e interioriorizado, aquel sufrimiento que por su tamaño nos costaba aceptar que existía. A cambio deja un débil hilo de luz llamado "esperanza". Esa luz duele pero de otra manera, duele porque la tenemos, duele porque no queremos perderla. Otros intentarán arrebatárnosla impulsados por su desespero al que llaman "realidad". Ellos rompieron su esperanza a cambio del vacío al que llamaron "normalidad", cavaron el hoyo al que cayeron porque otros les dijeron que rendirse era madurar.

Pero no temas, escucha con atención, ¿oyes la música? Aquella que te libera, que te hace llorar, que te hace reír. Almacena su luz en tu interior, que suene cuando otros intenten que la apagues. Sigue tu propio camino porque no estás solo.

Algún día, tu luz será tan grande, que llegará al hoyo de los que se negaron a aceptar tu vuelo, a los que se cortaron las alas. Y descubrirán que todavía tienen piernas con las que caminar.





sábado, 10 de junio de 2017

Basura estelar.

Existen estrellas a las que quitaron la luz, a las que arrojaron sin brillo a la oscura inmensidad del universo.

Algunas viajan buscando el modo de volver a brillar, y cada vez más fuerte.

Otras se quedan estancadas y se convierten en agujeros negros, los cuales solo brillan por otras estrellas a las que logran engullir.

Las unas son vistas como estúpidas por las otras y viceversa. Están destinadas a odiarse pese a tener el mismo origen.

Hubo dos que se hicieron compañía al coincidir. Las dos empezaban a brillar y se creyeron iguales.
Se apoyaron, se divirtieron, se animaron.

La estrella viajera empezó a brillar más y a creer en su soñador discurso. El agujero negro empezó a oscurecerse a su lado pues no conseguía el mismo brillo que ella.

Así que un día intentó comérsela.

La experiencia salvó a la estrella quién descubrió, con horror, la verdadera naturaleza de su compañera. Y, aunque se apagó un poco, pronto empezó a recuperar su luz a la par que se alejaba del agujero negro, quien seguía absorbiendo todo astro débil que se le ponía a su paso.

Éste siempre culpó a la estrella, así como hacía con todo el universo, de lo que era, sin ver que él era el primer culpable de ser así.

Y si este cuento hubiera acabado contaría con moraleja, pero no es así.

La estrella viajera contaba con acompañante: un deslumbrante meteoro. 

El meteoro conoció al agujero negro como estrella.

El agujero negro vio su brillo y sonrió.